«Porque NO VIBRAMOS CONTRA carne y sangre, sino CONTRA PRINCIPADOS, CONTRA POTESTADES, CONTRA LOS GOBERNADORES DE LAS TINIEBLAS DE ESTE MUNDO, contra HUESTES ESPIRITUALES DE MALDAD en las regiones celestiales».

Efesios 6:12

Una travesía por el Egeo de Atenas a Santorini, el mar de los héroes y los  dioses

Estoy consciente de que la mayoría de las traducciones al español dicen: «Porque no tenemos lucha». Pero no hay ninguna lucha, ni pelea ni «guerra» en este asunto.

La palabra griega pallo SIGNIFICA “VIBRAR”.

Eso tiene muchísimo sentido ya que estamos hablando entonces de autoridad y de energía espiritual (que implica pulsaciones electromagnéticas o vibraciones) en contra de principados y líderes de la oscuridad.

Estos gobernantes y principados PUEDEN CAPTAR NUESTRAS «VIBRACIONES» ESPIRITUALES Y SABER si la persona está plenamente convencida y realmente fundamentada en la Autoridad de aquel que dice ser su Señor, o no. (Hechos 15:16-17; 19:13-15)

Por lo tanto, la traducción correcta y más fiel del texto original ES LA QUE INDICAMOS ARRIBA, esa es la traducción lata de esa palabra.

Jesús ganó la batalla ya, por todas las edades. Por tanto, NO HAY MAS BATALLA QUE PELEAR.

Captura-web_2-8-2021_171538_profeciasdeveladas.com_-2Todo lo que Su Cuerpo (la Iglesia) necesita hacer es librar la batalla de la fe, simplemente la de mantenerse firme en esa maravillosa verdad, ejercer Su Autoridad, e imponer Su voluntad.

Lo digo de nuevo: No hay «combate» de ningún tipo en este asunto. Al respecto, Daniel capítulo 10 es un pasaje fascinante de la Biblia:

(Ten en cuenta que esto sucedió antes de que Jesús muriera en el Gólgota, que derramara su sangre sagrada y sin pecado, y que venciera a Satanás y a sus principados para siempre. (Colosenses 2:13-15; Apocalipsis 1:17-18)

Daniel hace ayuno parcial por 21 días buscando el rostro de Dios y comprensión más profunda acerca de una revelación que le había sido dada sobre el «tiempo del fin”.  Al final de los 21 días Jesús se le aparece personalmente (teofanía) para darle el entendimiento necesario sobre la revelación que Daniel había recibido.

Entonces Jesús hace una declaración bastante sorprendente.  Jesús dice:

«…  No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, Y A CAUSA DE TUS PALABRAS HE VENIDO.  MAS EL PRÍNCIPE DE PERSIA SE ME OPUSO POR VEINTIÚN (21) DÍAS, pero he aquí, Miguel, uno de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, ya que yo había quedado allí con los reyes de Persia.» Daniel 10: 12-13

¿Sabes por qué he venido a ti? Ahora vuelvo para DEVORAR al príncipe de Persia, y cuando yo termine, he aquí, el príncipe de Grecia vendrá. Sin embargo, te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad, pero no hay nadie que se mantenga firme a mi lado contra estas fuerzas, sino Miguel, vuestro príncipe.” (Daniel 10: 20-21).

Una vez más, la mayoría de las Biblias en español traducen el versículo 20 como «VUELVO PARA LUCHAR” contra el príncipe de Persia».

Eso fue inventado por la religión. La palabra hebrea lacham significa literalmente «devorar», como hemos indicado correctamente.

Esto es lo que sucedió:

Daniel se aparta para buscar a Dios, Dios (Jesús) escucha e inmediatamente responde, y decide aparecerle a Daniel y hablarle directamente.

El gobernador (principado espiritual) sobre Persia no quería dejar pasar a Jesús.

Jesús tiene todo el poder para instantáneamente destruir a ese espíritu maligno, pero lo que está en juego aquí no es solo poder sino autoridad.

Dios creo al hombre y le dominio absoluto sobre la tierra. En el proceso cayó, perdió el dominio sobre la creación, y transfirió su dominio a Satanás. (Lucas 4:5-7)

Satanás, a su vez, le dio algo de ese dominio y autoridad a gobernantes territoriales, que él asignó para influir en ciertas regiones del planeta. Uno de esos gobernantes era el príncipe (gobernador) de Persia.

Ese espíritu maligno HABÍA FORMADO UNA FORTALEZA ESPIRITUAL SOBRE ESE TERRITORIO DE PERSIA y, como el verso 13 indica, esa fortaleza había sido reforzada aún más por otros líderes de las tinieblas.

Antes del Calvario, de la Resurrección y de la Ascensión de Cristo, ese gobernante territorial tenía el derecho legal (autoridad en la tierra) para impedir que Jesús visitara a Daniel en Persia.

Jesús lo soportó durante 21 días. Pero para entonces, Jesús ya había tenido suficiente. Puesto que Jesús es la ley suprema en el universo, y puesto que Su Reino gobierna por encima de todos los otros reinos (Salmo 24:1; 103:19; Daniel 4:17) Miguel vino, echó a un lado al gobernante de Persia y a sus espíritus sub-gobernantes, y Jesús finalmente llegó a donde estaba postrado Daniel.

Una vez que la misión de Jesús se cumplió, Él dijo que volvería, y devoraría (consumiría) a ese gobernante de la oscuridad sobre Persia que le había resistido.

Sin embargo, una vez que ese gobernante fue consumido, está claro por el texto bíblico en Daniel que Satanás designó a otro gobernante (principado) sobre Grecia, que controló no sólo Grecia, sino también controlaría todo el territorio que antes estaban bajo el principado espiritual de Persia (todo lo que abarcó el imperio persa).

De hecho, eso es precisamente lo que sucedió, en el ámbito físico terrenal, como la historia antigua lo corrobora.

Eso es, exactamente, lo que el hijo de Satanás, Alejandro Magno, hizo en su primera venida. Y eso es precisamente lo que exactamente hará pero ahora muchísimo más rápido en su próxima segunda venida, su reaparición (Daniel 10, Apocalipsis 17:8).

En resumen: Satanás tiene gobernadores territoriales.  Y ¡JESÚS también!!!

Somos REYES Y SACERDOTES TERRITORIALES DE JESÚS. (1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; 5:10)

Somos Sus emisarios designados para establecer Su voluntad y Su reino en la tierra (Lucas 19:17-19; 22:29). Es por eso que Él mandó a los discípulos «vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva» (Marcos 16:15):

De esa manera Su Iglesia se extendió por todo el mundo. Y tú no eres un accidente. Fuiste colocado estratégicamente en ese país, continente o región donde resides por voluntad de DIOS.

El único problema es que la religión ha privado a la Iglesia del conocimiento de las Escrituras, el de conocer (de experimentar) a Jesús en nuestro interior, y nos ha mantenido durante siglos en la oscuridad acerca de cómo ejercer la Autoridad de Cristo.

Por lo tanto Satanás controla gran parte de esta tierra, POR DEFAULT.

La religión también nos ha dividido, y todos hemos escuchado el famoso dicho «divide y vencerás».

Es por eso que decimos con frecuencia que la religión – incluso muchas formas de religión barnizadas de cristianismo – “es el opio de los pueblos”, claro porque es el arma más eficaz y útil que tiene en su arsenal.

Pero aun con lo fragmentado que está el Cuerpo de Cristo, hay más poder y autoridad en el dedo meñique del Cuerpo de Jesús que en cualquier cosa o persona que satanás ha establecido.

Tenemos que derribar, demoler y consumir esas fortalezas sobre ciudades y naciones. Debemos devorar (consumir) a los líderes de las tinieblas en la atmósfera, así como Jesús hizo con ese antiguo gobernante sobre Persia.

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Cuando eso pase, muchas cosas malignas que estamos viviendo, presenciando y experimentando en carne propia en este tiempo, en el ámbito físico terrenal, serían destruidas, porque habría una conmoción bélica a nuestro favor en las esferas celestiales.

¡Oh, si tan solo el gigante dormido llamado Iglesia despertará de su letargo, estuviera arraigado profundamente en el amor de Cristo, plenamente convencido de la victoria total de Jesús, se portara “varonilmente”, y usara la Autoridad de Cristo!

Pero lamentablemente estamos en el tiempo laodiceano, la iglesia en su zona de comodidad mundanal que transa con el mundo y renuncia a su primogenitura por un plato de lentejas.