«Cristo es EL FIN DE LA LEY PARA JUSTICIA A TODO AQUEL QUE CREE»Romanos 10:14 RVA 1960


ABC para conocer las profecías más importantes de la Biblia. Descorremos el velo en Profecía Bíblica y damos un vistazo a los sucesos mundiales que marcarán su cumplimiento.

No se puede decir más claro que este maravilloso verso: Cristo es el fin de la ley como forma de alcanzar la justicia.

La justicia, en el Nuevo Testamento, es acreditada gratuitamente a cada persona que cree (CONFÍA) en el perfecto cumplimiento de la ley por Jesús en nombre nuestro (Mateo 3:15; 5:17), incluyendo su muerte en la cruz, su gloriosa resurrección de entre los muertos, y Su Ascensión física al cielo.

La ley de Dios es santa y eterna, sí, pero fracasó miserablemente en justificar a alguien, no porque no fuera perfecta, sino porque el hombre no podía – y aún no puede ni podrá – obedecerla satisfacer su estricta rigurosidad, debido a su naturaleza caída y a su mente natural contaminada por el pecado (Juan 7:19, Romanos 8:7-8).

Por lo tanto, la ley nunca hizo a nadie justo, ni siquiera una sola alma (Salmo 53:1).  Nunca lo ha hecho y nunca lo hará:

Por las obras de la Ley NADIE será justificado jamás (Romanos 3:20, Gálatas 2:16).

Cabe, entonces, la pregunta: ¿cuándo exactamente cesó la Ley y comenzó la gracia?  La gracia, como Dios mismo, no tiene principio.

La gracia ha sido siempre, porque Dios es lleno de gracia y misericordia. Desarrollaremos mas esta idea, Dios mediante, en otro mensaje.

Una pregunta mejor y más precisa es:

¿Cuándo exactamente cesó la ley (como medio de justificación) y comenzó el Nuevo Testamento de la Gracia Divina?

El Nuevo Testamento no es más que la ratificación (confirmación o consolidación) del Pacto de Abraham (Daniel 9:27).

El Pacto de Abraham basado totalmente en la gracia y la fe, sin «obras» ni mandamientos», precedió a la Ley dada en el Sinaí por 430 años (Génesis 15:6; Gálatas 3:17).

La gracia y la fe (gracias a Dios) fueron primero: la Ley fue dada mucho más tarde.

El único propósito de dar a los israelitas la ley en el Sinaí era mostrarles a ellos (y al resto de la humanidad) que tratar de obtener nuestra propia justicia mediante obras de obediencia no es sólo inútil, sino imposible.

Los judíos trataron por más de 1,500 años y nunca lo consiguieron.

De ahí la necesidad imperiosa de un Salvador que pusiera la Gracia de Dios al alcance no sólo de una persona escogida como Abraham, o de un pueblo escogido, como Israel, sino del mundo entero.

Pablo se refiere a la Ley como «nuestro tutor (entrenador) para traernos a Cristo» para que todos podamos ser justificados por la gracia y solamente por la fe (confiar en Jesús) (Gálatas 3:24-25).

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Para que la Gracia de Dios estuviera disponible para TODO EL MUNDO, necesitábamos un Salvador que no sólo fuera el Salvador de judíos o israelitas, sino de toda la humanidad y de todo el planeta:

«La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo».Juan 1:17

¿No prometió Dios a Abraham que haría de él «el padre de muchas naciones», o «el padre de muchos gentiles»? (es la misma palabra hebrea goyyim, Génesis 17:4-5).

¿No prometió Dios a Abraham que a través de su simiente (Cristo) serían benditas todas las naciones o todos los gentiles? (Génesis 18:18; 22:18; 26:4)

Nuestro Dios es fiel y verdadero: Gloria al Padre, Hijo y Espíritu Santo desde la eternidad y hasta la eternidad.  Amén y Amén.

Lucas 16:16 nos dice:

«La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces se predicó el reino de Dios, y todos se esfuerzan por entrar en él».

¿Significa eso que la Ley dejó de estar en vigor cuando Juan el Bautista comenzó a predicar? Claro que No.  Hasta ese momento aun no.

Pero lo que comenzó con Juan fue la enseñanza del Reino de Dios, o del Nuevo Testamento donde la justicia no estaría basada en obras realizadas por fuera (como requiere la Ley), sino en tener a Dios mismo y, por consiguiente, la justicia de Dios, y todo su reino, por dentro (Lucas 17:21).

Juan preparó el camino para el Mesías predicando que el Reino de Dios estaba cerca (Mateo 3:1-3). Jesús se presentó unos 6 meses después, anunciando también que el Reino de Dios estaba «cerca» (Mateo 4:17).

Mientras que Juan y Jesús estaban predicando acerca del Reino, los judíos estaban aún bajo la Ley.

La ley de Dios todavía estaba en vigor con respecto a Israel. Es por eso que, antes del Calvario, oímos ciertas declaraciones de Jesús tales como:

» … El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón».

«Y si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor es para ti que uno de tus miembros perezca, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno».

(Mateo 5:28-29)

El Nuevo Testamento de la gracia de Dios se instituyó en la Última Cena, en la víspera de la Pascua (Mateo 26:28). Y entró en vigor (comenzó) exactamente al día siguiente, en la Pascua del año 33 A.D., cuando Jesús murió. (Hebreos 9:16-17)

… y todavía más exactamente justo después que Jesús pronunció las palabras «¡Consumado es!» (¡Se acabó!) muriendo en la cruz. (Juan 19:30)

Entonces ahí fue que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo (Mateo 27:51), indicándose desde lo alto que ahora SOLO ES a través del sacrificio único, singular e irrepetible de Jesús y del derramamiento de Su sangre preciosa que tenemos acceso directo al trono de Dios y de Su gracia (Hebreos 4:16).

¿Cómo puede ser instituido un día y tomar efecto en otro?

Sencillo. De la misma manera que algún pariente prepara su «testamento» hoy y no entra en vigor hasta que él muera, sea dentro de 50, 20 o 5 años, sea dentro de un mes, de una semana, o sea al día siguiente.

La ley estuvo en vigor hasta que Jesús murió y derramó su inmaculada sangre libre de pecado.

Ahí fue donde Cristo puso fin a la ley, clavándola en la cruz, cuando el Nuevo Testamento de Su Gracia comenzó (Colosenses 2:14).  Fue entonces cuando la ley (Torá) terminó, como leemos arriba, como medio de justificación para obtener la salvación.

Pero hay ciertos segmentos de la cristiandad que INSISTEN — a pesar de la muerte de Jesús y Su Resurrección, a pesar del derramamiento de Su preciosa sangre, y a pesar de que hizo un Nuevo Testamento, basado en la GRACIA — en que guardar la ley SIGUE SIENDO necesario para los creyentes. A pesar de que el Nuevo Testamento dice CLARÍSIMO que somos salvos SOLO POR GRACIA, mediante la fe, Y NO POR OBRAS, para que NADIE se gloríe (Efesios 2:8-9).

Aquellos que todavía insisten en obtener justicia, ya sea total o parcial, a través de la ley, no importa que tengan o no apariencia religiosa, caen de la gracia y se desligan totalmente de Cristo (Gálatas 5:4).

El Sacrificio Eterno de Jesús, que nos hace a los creyentes perfectos para siempre, desgraciadamente no tiene efecto alguno en ellos, puesto que no confían solo en El. (Hebreos 10:14)

Y si todos guardáramos la Ley

Pero, acomodemos su fantasía religiosa por un momento: 

Nadie, como ya expresamos arriba, aparte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, ha guardado ni guardará jamás la ley entera. ¡NADIE! Ni ayer, ni hoy ni mañana. Pero supongamos hipotéticamente por un momento que sí tuviéramos la capacidad de guardar la ley y lo hiciéramos. Hablo de no solo los 10, si no los 613 mandamientos de la Ley – A LA PERFECCIÓN.

Pues, aun estaríamos perdidos. ¿Y por qué?

Porque el problema REAL NUNCA ha sido lo que hagamos o dejemos de hacer POR FUERA

El problema real ha estado SIEMPRE EN EL INTERIOR.  El verdadero problema, la razón que todavía estaríamos perdidos, es debido a nuestra naturaleza caída. 

Incluso si pudiéramos guardar la ley a la perfección, toda nuestra vida, y nunca  quebrantáramos NI SIQUIERA UNO de los 613 mandamientos, tendríamos todavía la naturaleza pecaminosa que heredamos de Adán (Romanos 5:17,19; 1 Corintios 15:22). 

Y NINGUNA CANTIDAD o grado de “observar LA LEY” puede cambiar ESA NATURALEZA pecaminosa.  El guardar la ley NO nos hace “nacer de nuevo”.

De nuevo lo digo: el guardar la ley no nos hace nacer de nuevo (Juan 3:3-5). Guardar la ley no cambia el corazón de nadie. Y AHÍ ES DONDE ESTÁ, Y HA ESTADO SIEMPRE, “EL PROBLEMA”.

Incluso si lo hiciéramos todo «de acuerdo a la ley” exteriormente, el verdadero problema todavía permanecería en nuestro interior. Es POR ESO que la salvación sólo puede ser por la Gracia. 

Es por eso que el Nuevo Testamento dice, claro como cristal, que «por las obras de la ley NADIE será justificado» (Gálatas 2:16, Romanos 3:20). 

Es SOLAMENTE por la sangre preciosa de Jesús, y por Su Gracia, que Dios pone una nueva y  santa naturaleza en los que vienen a Él por la fe. Él pone Su propia naturaleza santa en nuestro interior (Juan 3:3, 5; 2 Pedro 1:4; 2; Corintios 5:21). 

Eso es precisamente lo que sucede cuando nacemos de nuevo. Su propia naturaleza SANTA , JUSTA Y PERFECTA, es Su  REGALO de amor INMERECIDO para todos los que le reciben.

Y es por eso que los que optan por vivir bajo la Ley, por muy duro que suene (traga saliva), NO SON SALVOS.

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El único camino de Salvación es reconocer que la ley terminó con Jesús. Y que, desde entonces, la salvación es totalmente (100 %) un don (regalo) de la gracia maravillosa de Dios, a los que recibimos y confiamos totalmente en Jesucristo.

Nada más puede salvarnos. Nadie más nos salvará.

Porque así fue como se salvó nuestro padre Abraham. Y así es como tú y yo seremos salvos.

Punto.  Fin de la discusión.