Atlántida

El mito de Atlántida ha generado todo tipo de especulaciones en innumerables libros y películas. Algunos incluso han tratado de vincular Atlántida con la vida extraterrestre.

El filósofo griego Platón, fundador de la Escuela de Atenas e inmortalizado en sus obras literarias y en la obra maestra de Rafael que cuelga en el Vaticano, escribió sobre una isla llamada Atlántida, que un terremoto y posterior tsunami habían hundido en el Atlántico (el océano presumiblemente deriva su nombre de dicha isla).

Él describió Atlántida como más grande que Libia y Turquía combinadas.

Antes de Platón, Herodoto hizo referencia al “mar de Atlántida” (que hoy conocemos como el Océano Atlántico), ubicado “más allá de las Columnas de Hércules”, que la mayoría de los eruditos consideran una referencia al Estrecho de Gibraltar.

El psíquico ocultista Edgar Cayce profetizó que Atlántida sería hallada en el área de las Bahamas y Bimini en 1968.  Su profecía no se cumplió.

Es verdad. no hay evidencia histórica ni científica de que Atlántida haya existido.  No obstante, los mitos con frecuencia reflejan alguna verdad BÁSICA que se ha distorsionado con el tiempo.

La Biblia SÍ habla de civilizaciones antiguas que fueron hundidas en las profundidades del mar:

“…para que no se exalten en su altura ninguno de los árboles junto a las aguas, ni alcen su copa entre las nubes, ni confíen en su altura sus poderosos bien regados. Porque todos han sido entregados a la muerte, a las profundidades de la tierra, entre los hijos de los hombres con los que descienden a la fosa.


Así dice el Señor Dios: “El día en que el cedro descendió al Seol (región de los muertos) causé lamentaciones, le cerré las corrientes profundas y detuve sus ríos. Sus muchas aguas cesaron, e hice que el Líbano se lamentara por él y por él todos los árboles del campo se marchitaron.


“Al estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando lo hice descender al Seol con los que descienden a la fosa. Entonces todos los árboles bien regados del Edén, los escogidos y los mejores del Líbano, se consolaron en las profundidades de la tierra.


“También ellos descendieron con él al Seol, con los que murieron a espada; y los que eran su fuerza habitaban bajo su sombra en medio de las naciones. “¿A quién, pues, eres semejante en gloria y grandeza entre los árboles del Edén?
Sin embargo, serás derribado con los árboles del Edén a las profundidades de la tierra.”



Ezequiel 31:14-18

Este pasaje de la Biblia describe lo que sucedió con los antiguos asirios (que habitaban el noroeste de Iraq en tiempos pre-adámicos), los libaneses y, más tarde, a los “árboles (jardín) del Edén”.

Después de que el hombre fuera desalojado del Edén, el Paraíso fue reubicado a las partes más bajas de la tierra (Seól) y más tarde transferido al reino celestial después de la Resurrección de Jesús. (Lucas 16:22-25; 23:43; 2 Corintios 12:3-4)

Esta parte de las Escrituras no se refiere solo a personas sino a los ÁRBOLES, lo cual implica que la tierra misma, con todo y todos en ella, se sumergió en el mar.

Esto no podría describir lo que ocurrió en el diluvio de Noé.  En el diluvio de Noé, nada se hundió y ningún árbol bajó al seol (Génesis 8:11).  Las aguas simplemente cubrieron todo y toda la vida humana y animal fue destruida.

Esta descripción encaja perfectamente con Génesis 1:2, 6-7 que dice que toda la tierra estaba sumergida en agua. 

Entonces Dios causó que la tierra seca subiera y apareciera (Génesis 1:9).  Esto también concuerda con 2 Pedro 3:5-6:

“Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que LOS CIELOS QUE EXISTÍAN DESDE LA ANTIGUEDAD, Y TAMBIÉN LA TIERRA, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, POR LO CUAL EL MUNDO DE ENTONCES FUE DESTRUIDO, SIENDO INUNDADO POR EL AGUA.

Pero LOS CIELOS Y LA TIERRA ACTUALES están reservados por Su palabra para el fuego”…

Ezequiel 32:22-30 también menciona otras civilizaciones que perecieron en la PRIMERA inundación. (El diluvio de Noé fue la segunda y última inundación).

Los espíritus inmundos de esos seres humanoides que formaban esas civilizaciones antiguas – que se aliaron a satanás y se rebelaron contra Dios – son conocidos en la actualidad como “demonios”.

La Biblia está repleta de información fascinante como esta.  ¡Si solo los cristianos la estudiaran objetivamente!

No a través del prisma de la religión inventada por el hombre, ni de las huecas filosofías humanistas sino con una mente y un corazón abierto.

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