ANGUSTIA DE LAS NACIONES

En Mateo 24:4-8, Jesús describe cuáles serán las señales que deben preceder al ” fin de esta era”. Los críticos a menudo han rechazado estas señales con el pretexto de que siempre ha habido guerras, terremotos y hambrunas. ¿Tienen razón al respecto o no?

Consideremos cuidadosamente lo que nos dicen estos versículos:

Jesús dijo que estas señales irían acompañadas de un engaño religioso. No en el nombre de ninguna deidad, sino en el nombre de Jesús mismo (Mateo 24:5). Esto no pudo suceder antes de la venida de Jesús.

Continúa diciendo que estos signos son similares a los dolores de parto, es decir, se volverán más frecuentes y aumentarán de intensidad a medida que se acerca el final. Además, todos estos signos deben ocurrir simultáneamente.

Hay quienes afirman (y con lógica razón) que siempre han habido terremotos, hambres y guerras, pero sabes qué?  No encontramos rastro alguno en ningún período de la historia pasada en la que este conjunto de signos (dolores de parto) hayan confluido todos al mismo tiempo y con la intensidad con la que hoy estamos siendo sus testigos.

Otra cosa que debemos considerar es el contexto. La Biblia contiene muchos principios universales, pero las Escrituras no se pueden ni se deben entender completamente más allá de su contexto histórico, cultural y cronológico. Cuando Jesús profetizó que las naciones se levantarían contra otras naciones y reinos contra otros reinos, acaso ¿hablaba de un conflicto entre Rusia y Suecia? O ¿Entre India y Pakistán? O ¿Entre Chile y Argentina? O ¿acaso no se estaría refiriendo a pueblos y naciones que formaban el mundo conocido en ese entonces?      Mmmm…..

Está claro que cuando Jesús hablaba de “se levantará nación contra nación” y “reino contra reino” estaba refiriéndose a naciones conocidas en el siglo I d.C., es decir, a las del Oriente Medio, de parte de Europa, de África y de Asia.  Dado que el Imperio Romano reinó sobre el mundo conocido en ese momento, Jesús se refería, en contexto, a conflictos posteriores o futuros entre naciones y entre reinos ubicados geográficamente dentro del antiguo Imperio Romano, el imperio que reinaba y gobernaba en sus días.

Y ahora te pregunto: ¿Dónde están teniendo lugar estos conflictos hoy?

Si tomas un mapa y observas a las naciones que comenzaron a ser “sacudidas” a fines de la década 2000 – 2010  por “guerras” civiles, conflictos “étnicos” y diversos problemas políticos, descubrirás que estas son todas naciones que fueron parte del mundo conocido en la época de Jesús. ¿Acaso esto es solo coincidencia?

¿Acaso es coincidencia que, al mismo tiempo, 3 de cada 4 personas sufren de desnutrición en un grado u otro?

¿Acaso es coincidencia que al mismo tiempo se hayan dado terremotos y/o tsunamis significativos en Nueva Zelanda, Japón y otros lugares?

¿Acaso es coincidencia que el engaño religioso “en el nombre de Jesús” alcance proporciones epidémicas?

Aparentemente, eso es lo que piensa la mayoría de la gente.  Jesús había predicho que la gente se estará dedicando a sus asuntos de rutina: comer, beber, comprar, vender, casarse y tener hijos, etc., como si nada.  Sin embargo, cuando alguien anuncia el fin del mundo, incluso si es falsa alarma, ¡es pánico a bordo!

Hemos visto con nuestros propios ojos cómo el miedo al fin del mundo podría tener un impacto en la vida de las personas, cuando en realidad nada había sucedido todavía.  Imagine por un momento cuál será la reacción de la población mundial cuando vea temblar cielos y tierra, cuando sea testigo del cambio en la topografía mundial que conocemos hoy … cuando vea que el sol se volverá negro y la luna roja como la sangre (y no como resultado de eclipses).  Imagine que además de eso, sean testigos de una gran lluvia de meteoritos en casi todo el planeta, y que luego Jesús aparece en el cielo, haciendo desaparecer a millones de personas del planeta?  

No es de extrañar, entonces, que Apocalipsis 6: 12-16 nos habla de aquellos que permanecerán en la tierra:

… los reyes de la tierra, los grandes, los líderes militares, los ricos, los poderosos, todos los esclavos y los hombres libres, se escondieron en las cuevas y en las rocas de las montañas. Y dijeron a las montañas y a las rocas: Caed sobre nosotros , y escóndenos del rostro de él sentado en el trono, y de la ira del Cordero.

Los fenómenos astronómicos producen son recibidos por el mundo como eventos espectaculares que vale la pena presenciarlos. Pero estos fenómenos no causarán el mismo efecto: serán horrorosos.

¡Realmente cuando esto finalmente sobrevenga habrá un pánico monumental en todo el planeta!

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