Alejandro, el Leopardo de Apocalipsis 13.

Según el famoso historiador judío Flavio Josefo, Alejandro Magno en su trayectoria hacia Egipto, se encontró en las afueras de Jerusalén, contiguo a la ciudad de Sapha, con el Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote llamado Jaddúa, nieto del sumo sacerdote Jaddúa mencionado en el libro de Nehemías.

Alejandro, al frente de su ejército, se bajó de su caballo Bucéfalo, caminó solo hacia el Sumo Sacerdote, lo saludó y se inclinó (adoró).

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Encuentro entre Alejandro y el Cohen Gadol Judua.

Más detalles de este fascinante primer contacto entre griegos y judíos se puede apreciar en el relato de Flavio Josefo, Antigüedades de los Judios, Tomo 2, Libro 11, cap. 8, sec. 5:

“Los fenicios y caldeos que estaban en compañía del rey se imaginaban que éste les permitiría saquear la ciudad y encarnizarse con el sumo sacerdote, lo que parecía muy verosímil por su indignación contra el último; pero pasó todo lo contrario. Alejandro, al contemplar desde lejos a la multitud con vestidos blancos, a cuyo frente iban los sacerdotes con túnicas de lino, y el sumo sacerdote con su vestidura de color de jacinto tejida con oro, con el turbante en la cabeza y la plancha de oro en su frente en la que estaba escrito el nombre de Dios, se acercó solo y, antes de saludar al sacerdote, veneró este nombre (YHVH).

Todos los judíos entonces a una voz saludaron a Alejandro y lo rodearon. Los reyes de Siria y los restantes se admiraron y sospecharon que Alejandro había perdido el espíritu. Parmenio, fué el único que se le acercó y le preguntó que qué pasaba, que mientras todo el mundo lo adoraba a él, él se inclinaba frente al gran sacerdote de los judíos.

No lo adoré a él – dijo Alejandro – “sino al Dios cuyo sumo sacerdocio ejerce”. Lo vi en esta forma, en sueños, en Dión de Macedonia, mientras me preocupaba la forma de apoderarme de toda Asia, y me exhortó a que no dudara, y que procediera confiadamente; él conduciría mi ejército y me entregaría el imperio de los persas. Por esto, puesto que a ninguno otro vi en esta forma, ahora recordé la aparición y la exhortación. Creo que mi expedición se ha realizado por inspiración divina; es así como he vencido a Darío y me he impuesto a los persas y tendré éxito en los proyectos que elaboro en mi espíritu.



ALEJANDRO Y EL TEMPLO DE JERUSALEN



Luego que dio esta respuesta a Parmenio, entró en la ciudad, dando la derecha al sumo sacerdote y seguido de todos los sacerdotes; subió al Templo y ofreció un sacrificio a Dios, de acuerdo con lo prescrito por el sumo sacerdote y dio pruebas de gran respeto al sumo sacerdote y a los sacerdotes. Le enseñaron el libro de Daniel, en el cual se anuncia que el imperio de los griegos destruirá al de los persas; creyendo que se refería a él, satisfecho despidió a la multitud.”

(Flavio Josefo, Antigüedades de los Judios,Tomo 2, Libro 11, cap. 8,sec. 5.)

Los Judíos, con este gesto, quedaron tan impresionados que, a pesar de haberle prometido lealtad a los persas, el imperio reinante (quienes, entre otras cosas, les habían permitido reconstruir su templo), se reunieron en derredor de Alejandro y en voz alta lo aclamaron, deseándole bienestar y felicidad. Más tarde, muchos de ellos se unieron al ejército griego.

No obstante, los generales de Alejandro se sorprendieron de sus acciones, hasta el punto que, por un breve momento, pensaron que había perdido la razón.

Posteriormente, Alejandro abrazó al Cohen Gadol y a su comitiva de sacerdotes del templo (segundo templo) que lo acompañaban, y subió al mismo con ellos, entró en él y ofreció, bajo las cuidadosas indicaciones del sumo sacerdote, sacrificios en el altar.

Judua después le mostró los rollos del libro de Daniel que ellos habían traído consigo a su retorno del exilio babilónico, donde este profeta, doscientos y pico de años antes había predicho que un príncipe griego destruiría al imperio persa (Daniel 8:3-7, 20, 21) y le dijo que la profecía se refería a él mismo.

italianos_xviii02ATENCIÓN: Alejandro pidió colocar una estatua suya en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalén), como era entonces la costumbre cuando alguien conquistaba la ciudad.

Sin embargo, el Cohén Gadol le explicó que eso era imposible, pero que en su honor, todos los niños que nacieran ese año se llamarían “Alejandro”.   (למלכות אלכסנדרוס מקדון, Ver Rambam MT, Guerushín, Cap. 1).

Alejandro, que siempre creyó ser Hijo del Dios Supremo Zeus-Amón, se regocijó en extremo. Como resultado de ello, juntó al pueblo judío al día siguiente para que le pidieran “todo lo que quisieran recibir”. (¿Pedid y se os dará? Eso suena como oración).

El sumo sacerdote Judua le pidió, en nombre del pueblo hebreo, que les permitiera vivir en paz en su tierra y de acuerdo a sus propias leyes, y que se les exonerara del pago de tributo cada séptimo año.

apocalipsis_Capitulo6_contenido_ilust3 - copiaAlejandro no sólo concedió su petición, sino que además les prometió con amabilidad extrema y poco habitual que los judíos que vivían en Babilonia y en Media (descendientes de familias que había ido al cautiverio babilónico por Nabucodonosor, y que seguían viviendo allí), gozarían de los mismos favores.

También animó a los judíos jóvenes a alistarse en su ejército griego (helénico), y les aseguró que les permitiría vivir de acuerdo a su propia religión y costumbres sin interferir.

Hubo muchos israelitas que se le unieron.

En consecuencia, cuando Alejandro reaparezca en el período de la venidera tribulación, la nación de Israel inicialmente no tendrá ninguna razón para desconfiar de él.

Es impresionante cómo el Espíritu habló de esto, poco más de seiscientos años antes, por boca del rey David, quién habló de esto en uno de sus salmos proféticos:

«Escucha mi oración, oh Dios, y no te escondas de mi súplica. Ayúdame y óyeme… Debido a la voz del enemigo, a causa de la opresión de los malos, porque ellos despiden iniquidad contra mí, y con furor me odian.
Mi corazón está dolido… y los terrores de la muerte han caído sobre mí. Temor y temblor vinieron sobre mí, y el horror me ha abrumado. Y yo dije: ¡OH, que me diese alas como de paloma! pues entonces volaría lejos… estaría lejos y permanecería en el desierto. Selah.
Me apresuraría a escapar… Porque no era un enemigo quien me reprochó, si así fuera, podría soportarlo… entonces yo me hubiera escondido de él: Pero eres tú, un hombre igual a mí, mi guía, y mi conocido. Estábamos juntos, nos comunicábamos dulcemente, y entramos en la Casa de Dios en compañía… Que la muerte sorprenda a mis enemigos… desciendan vivos al infierno: la maldad está en medio de ellos… Dios oirá, mi aflicción, y le responderá al que reinaba desde la antigüedad. Selah. Porque no hay cambio en ellos ni temen a Dios».
Salmo 55:1-19

La parte Aggadah del Talmud (Ley Oral judía), hace varias referencias a las hazañas de Alejandro, entre ellas que había hallado la entrada (puerta) del Jardín del Edén, pero que no se le permitió entrar.

También esta misma fuente contiene un relato de su visita al país de las amazonas, y de su deseo de entrar en el lugar Santísimo (Compárese con 2 Tesalonicenses 2:4 y Mateo 24:15), hasta finalmente ser persuadido por un sabio que no lo hiciera.



SERÉ SEMEJANTE AL ALTÍSIMO



En su próxima reaparición como el Anticristo resucitado, eso es exactamente lo que hará. Entrará en el Sanctasanctorum, y se proclamará a sí mismo “Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).

El Falso Profeta (su ministro de propaganda y de Economía), del cuál hablaremos en un próximo mensaje, hará obligatorio el culto a la imagen de Alejandro, bajo pena de muerte. Tal vez, incluso colocará su estatua en el tercer templo judío, al igual que hizo Antíoco Epífanes con la estatua de Zeus.

«YO ME PARÉ SOBRE LA ARENA DEL MAR Y VI SUBIR DEL MAR UNA BESTIA, QUE TENÍA SIETE CABEZAS Y DIEZ CUERNOS; Y SOBRE SUS CUERNOS DIEZ DIADEMAS; Y SOBRE LAS CABEZAS HABÍAN NOMBRES DE BLASFEMIA.  Y LA BESTIA QUE VI ERA SEMEJANTE A UN LEOPARDO, Y SUS PIES COMO DE OSO, Y SU BOCA COMO BOCA DE LEON.  Y EL DRAGÓN LE DIO SU PODER Y SU TRONO, GRANDE AUTORIDAD».

 

APOCALIPSIS 13:1-2

Cuando Alejandro visitó el templo de Amón y su oráculo en el desierto de Sigua, en Libia, (el dios pagano egipcio Amón, equivalente al Zeus de los griegos y al Júpiter de los romanos, Zeus-Amón, era considerado la Deidad Suprema), le fue dicho por el sacerdote pagano del oráculo, que él era “el Hijo del dios supremo Amón”.

Alejandro, sin dudar, acogió con mucho agrado tal revelación divina, considerándola una confirmación de su concepción sobrenatural.

 

Moneda acuñada aprox. en el siglo III A.C del dios griego Zeus y Moneda del siglo II A.C. y Desde el principio, Alejandro había alimentado un sueño de globalización.

Su gran sueño era unir a todo el mundo en un gran Estado que, por supuesto, llevaría su nombre, “La Gran Alejandría”. La próxima vez obtendrá ese deseo, pero brevemente (Apocalipsis 13:3-7).

Él nombró muchas ciudades “Alejandrías”, de las cuales la más famosa es la que está en Egipto, donde se cree que fue enterrado.

Eligió, de todos los lugares, a Babilonia (en Irak) como su capital mundial, y había hecho planes para reconstruirla a su antigua gloria.

Fue en Babilonia, donde falleció el 13 de junio, 323 A.C.

En ese sentido, Isaías profetizó lo siguiente:

«Pronunciarás esta burla contra el rey de Babilonia, y dirás: “¡Cómo se ha acabado el opresor, Y cómo ha cesado el furor. El SEÑOR ha quebrado el cetro de los impíos, el cetro de los gobernantes el que golpeaba con furia a los pueblos con golpes incesantes, Que sometía con ira a las naciones en incesante persecución.
Toda la tierra está en reposo, está tranquila. Prorrumpe en gritos de júbilo. Aun los cipreses y los cedros del Líbano se alegran a causa de ti, y dicen: ‘desde que fuiste derribado, no ha subido talador contra nosotros.’ El infierno desde abajo, se estremece por ti al recibirte en tu venida; por ti despierta a los espíritus de los muertos, a todos los jefes de la tierra; levanta de sus tronos a todos los reyes de las naciones.
Todos ellos responderán y te dirán: ‘También tú has sido debilitado como nosotros, has venido a ser semejante a nosotros?’. Han sido derribadas al infierno tu alarde y la música de tus arpas. Debajo de ti las larvas se extienden como cama, Y los gusanos te cubrirán.
Sin embargo, serás derribado al infierno, A lo más remoto del abismo. Los que te vean te observarán, Te contemplarán, y dirán: ‘¿No es éste aquel hombre que hacía temblar la tierra, que sacudía los reinos, ¿Que puso al mundo como un desierto, que derribó sus ciudades, que a sus prisioneros no abrió la cárcel?’
Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con gloria, cada uno en su sepulcro.
Pero tú has sido echado de tu sepulcro, como vástago abominable, como ropa de muertos traspasados a espada, que descienden a las piedras de la fosa, como cadáver pisoteado.
No estarás unido con ellos en el sepelio, porque has destruido tu tierra, has matado a tu pueblo. Que no se nombre jamás la descendencia de los malhechores.
Preparen para sus hijos el matadero, a causa de la iniquidad de sus padres. Que no se levanten y tomen posesión de la tierra, Y llenen de ciudades la faz del mundo».
Isaías 14:4-11; 15-21
En cumplimiento de esta asombrosa profecía, todos los hijos de Alejandro, el que tuvo con Barsine, y el que tuvo con Roxana, fueron asesinados poco después de su muerte, por posibles rivales al trono.

Esta profecía se armoniza y se alínea perfectamente con Apocalipsis 17:8, donde se establece que es del abismo (infierno) que el Anticristo ascenderá a la tierra, resucitado, después de haber sido “expulsado de su tumba”.

Alejandro era muy consciente de su imagen. Sólo permitía que su pintor de confianza, Apeles, y su escultor personal, Lisipo, lo representaran.

Se dice que las esculturas de Lisipo son las que representan su apariencia con mayor precisión.

EVIDENTEMENTE, EL DESEO VIVO DE ALEJANDRO ERA QUE SU IMAGEN Y APARIENCIA SE CONSERVARAN PARA LAS GENERACIONES FUTURAS. LAS REPRESENTACIONES DE ALEJANDRO ABUNDAN EN TODO EL MUNDO, EN TODAS FORMAS, DESDE ESTATUAS, BUSTOS Y ESCULTURAS HASTA RETRATOS DE EL EN ENCICLOPEDIAS, LIBROS Y DOCUMENTALES HISTORICOS. POR ENDE, CUANDO REAPAREZCA, EN MEDIO DE UN PERÍODO DE GRAN TRIBULACIÓN PARA EL PLANETA, LA GENTE NO TENDRÁ NINGUNA DIFICULTAD EN RECONOCERLO.

Esto descripción encaja perfectamente con Apocalipsis 13:14,15 donde el Falso Profeta mandará a hacer una imagen de Alejandro, e incluso le infundirá vida sobrenatural a la misma.

Conocido por su crueldad y fiereza, años después de su muerte Casandro, el hijo de uno de sus generales, no podía pasar por la estatua de Alejandro en Delfos sin estremecerse.

Si sólo su estatua podía inspirar temor, incluso después de su muerte, imagínate el temor que causará su presencia cuando reaparezca.

Esto también encaja a la perfección con la descripción dada en Daniel 8:23 sobre el rey de “rostro fiero”.

Alejandro no permitía que nadie se interpusiera en su camino.

Inclusive, no dudó en ordenar la ejecución hasta de algunos de sus “amigos” y oficiales de más confianza, incluyendo a su segundo al mando, Parmenio y a su hijo Filotas.

Tan pronto como tomó el poder, incluso en su propia nación, ejecutó a todos los rivales potenciales y todos los que se oponían a él. La resistencia a su conquista de cualquier ciudad o provincia resultaba en gran carnicería, gente crucificada y demás castigos salvajes, y que muchas mujeres y niños fueran vendidos como esclavos.

Sus acciones crueles causaban horror en todas partes. Una de sus formas de ejecución más frecuentes, no por coincidencia, era la crucifixión, forma de ejecución que Roma heredó del imperio griego de Alejandro.

Alejandro Magno en el sitio de Tiro, 332 a.C.SITIO DE TIRO

Después de la conquista de Tiro, en julio de 332 a.C., que se considera por muchos su mayor logro militar, masacró a 8,000 personas, crucificó a 2,000 y vendió a 30,000 como esclavos.

Alejandro que hacía campaña en Ilíria para aplastar las sublevaciones suscitadas a la muerte de su padre Filipo vino a Tebas y exigió a los rebeldes la sumisión, y como no la obtuvo ocupó la ciudad y la destruyó; seis mil tebanos murieron, y el resto de sus habitantes (unos treinta mil) fueron hechos esclavos.

La próxima vez que gobierne el mundo, según la revelación del capítulo 11 de Apocalipsis, también crucificará a los dos testigos, y asesinará a cualquiera que se le oponga, que se niegue a adorarlo o a recibir su marca.

El profeta Ezequiel tuvo esto que decir esto acerca de él:

“Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así dijo el Señor DIOS: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy dios; en la silla de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios); y pusiste tu corazón como corazón de Dios; he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que ellos te puedan ocultar; con tu sabiduría y con tu prudencia te has juntado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros; con la grandeza de tu sabiduría en tu contratación has multiplicado tus riquezas; y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón. Por tanto, así dijo el Señor DIOS: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extraños, los fuertes de los gentiles, que desenvainarán sus cuchillos contra la hermosura de tu sabiduría, y ensuciarán tu esplendor.

Al sepulcro te harán descender, y morirás de la muerte de los que mueren en medio de los mares. ¿Por ventura hablarás delante de tu matador, diciendo: Yo soy dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador.

De muerte de incircuncisos morirás por mano de extraños; porque yo he hablado, dijo el Señor DIOS.

 

Ezequiel 28:2-10.

La naturaleza vengativa de Alejandro es bien documentada tanto con la destrucción de la ciudad de Tebas, antes de su incursión a Asia, como por el incendio de la ciudad real de Persépolis. En esta última, destruyó el magnífico palacio construido por Jerjes (el llamado Asuero en la Biblia, el esposo de Esther, que había invadido Grecia). Lo hizo bajo los efectos del alcohol, incitado por cortesanas, probablemente como un acto de venganza.

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La destrucción de Tebas por el ejército macedonio de Alejandro.

En vez de apropiarse y preservar la riqueza, grandeza y opulencia del palacio, lo redujo a cenizas. Esto precisamente es lo que él y sus “10 cuernos” (reyes) le harán a Roma y a sus tesoros de incalculable valor en el futuro: “la quemarán con fuego” (Apocalipsis 17:16; 18:8, 9,18), sólo que esta vez podría ser a través de un fuego mucho más sofisticado (fuego nuclear).

Se podría decir, de hecho, que hay mucho de “fuego” en su futuro.

En sus expediciones, Alejandro iba siempre acompañado por geógrafos, botánicos, y otros hombres de ciencia, así como topógrafos, ingenieros, arquitectos, escribanos, escultores, pintores e historiadores.

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Incendio de la ciudad real de Persépolis, imperio persa.

El historiador griego Arriano escribió en detalle la historia de sus campañas.

Es evidente que quería dejar su huella en otras áreas, independientes de la política y lo militar. Junto con sus grandes hazañas, él también quería que sus contribuciones culturales y científicas fueran reconocidas y registradas para la posteridad.

El intercambio de correspondencia entre Alejandro y Darío III, el rey persa a quien Alejandro derrotó e hizo huir en picada, y cuyo imperio conquistó, también fue bien documentado y publicado. Es bastante revelador.

En las respuestas de Alejandro a las cartas de Darío III, las creencias y convicciones que tenía sobre sí mismo se manifiestan.

En un caso, Darío le envió una carta sarcástica acompañada por “regalos”, entre los que incluyó una pelota, para que Alejandro “pudiera jugar con un juguete apropiado para su edad”.

Alejandro respondió que él consideraba el regalo “un buen augurio”. “La pelota”, dijo, “indica que la superficie de la tierra y su circunferencia estará sujeta a mis tenientes”.

Otro fragmento de sus cartas a Darío declara:

¿Cómo es posible que una persona destinada a morir y a descomponerse (como tú, Darío) pretenda ser un dios (como yo?)…

Otro fragmento dice: “cada vez que tengas la ocasión de escribirle a Alejandro, recuerda que te estás dirigiendo a quien no sólo es un rey, sino también TU rey”.

Por lo tanto, Alejandro profesaba ser “rey de reyes”.

Entre los reyes y conquistadores de toda la historia mundial, Alejandro está en una clase sin igual.

Él es el conquistador más famoso de la historia. Ha sido envidiado y admirado por hombres como Aníbal, Julio César, Napoleón y George Patton.

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Cayo Julio César lloró ante el cádaver de Alejandro en el Soma, Alejandría, Egipto.  Año 48 a.C.

Julio César lloró cuando leyó todo lo que el macedonio había hecho con apenas 33 años y, en comparación con él, se consideraba a sí mismo un fracaso.

Alejandro podía superar a cualquier rival en inteligencia y estrategia. A pesar de tener una flota grande y costosa, se negó en un punto a entrar en batalla naval con los persas.

“Derrotaré a la flota persa EN TIERRA”, dijo. Así lo hizo, al ocupar las ciudades costeras.

Era famoso por su ingenio. Rechazó todas las ofertas de paz hechas por Darío III. Durante el sitio de siete meses a Tiro, Darío envió una nueva y muy abundante oferta, que él pensó Alejandro no podía rechazar: pagaría un enorme rescate de 10,000 talentos de oro por el regreso de su familia (que habían sido tomados como rehenes) y renunciaría a todas las tierras al oeste del Eufrates.

Parmenio, su segundo en mando, le dijo: “Yo aceptaría, si fuera Alejandro”. “Yo también”, fue su famosa respuesta, “si yo fuera Parmenio”.

A fin de implementar su política financiera, estableció una organización central e introdujo un nuevo y uniforme sistema monetario.

El emitió nuevas monedas con una base estándar de plata en todo su imperio, estimulando verdaderamente a la debilitada economía.

Él promovió la industria y el comercio.

Tenía ideas de crear una raza superior a través de matrimonios mixtos con personas de otras naciones y razas, en el interés de “concordia y parentesco común”.



LA BESTIA QUE HABIA SIDO HERIDA DE MUERTE



«ME PARECIÓ VER QUE UNA DE SUS CABEZAS HABÍA SIDO HERIDA DE MUERTE, PERO SU HERIDA MORTAL FUE CURADA; Y TODA LA TIERRA CORRIÓ FASCINADA TRAS LA BESTIA»

 

Apocalipsis 13:3

Alejandro sufrió muchas heridas, pero dos son especialmente graves: la primera de ellas en Gaza, una herida en su hombro que lo dejó debilitado.

Pero la otra, que fue la última y la peor de todas, una herida mortal en medio de un combate asaltando una ciudadela en Multán, una localidad selvática en lo que hoy día es la Ciudad de Mali, cerca del río Ravi en la India, cuando un proyectil afilado de 39 pulgadas le atravesó el pecho y le perforó el pulmón izquierdo (Apocalipsis 13:14).

Se desplomó y lo creyeron muerto.  Su cirujano Critodemo de Cos necesitó de 39 distintos procedimientos quirúrgicos para reparar los gravísimos, pero milagrosamente sanó, sobrevivió y se levantó para la alabanza y la aclamación de sus tropas y de los súbditos de su imperio.  Todo el mundo quedó maravillado de que su rey y líder se hubiera curado de su herida mortal.

El griego “machaira”, palabra que se usa en Apocalipsis 13:14, se refiere a una “pequeña y aguda espada”.

La punta del proyectil poco común que lo hirió, era muy similar en forma a la punta (hoja) de una espada.

Apocalipsis 13:14 es, sin duda, una referencia a este evento como ya pasado al momento en que Juan lo describía. La palabra griega “sphazo” (que significa “herido”) usada en este versículo está en forma de participio perfecto pasivo, por lo que Juan describió el suceso como parte del pasado de esta bestia.

No obstante, no podemos tampoco descartar después de todo lo que ha experimentado, y después de resucitar de los muertos, y aparecer públicamente ante la faz del planeta, que Alejandro se someta voluntariamente a ser como mortalmente herido otra vez, con alguna arma similar, para probar más allá de cualquier duda tanto su identidad como su inmortalidad.

Sin embargo, el pasaje no dice que el anticristo iría a morir por causa de la herida, sino que Juan dice “como herida de muerte”, es decir, una grave herida que pondría en peligro su vida, pero que él sanaría de esa herida grave.



EL CADAVER DE ALEJANDRO



La causa de su muerte prematura a la edad de casi 33 años (la misma edad de Jesús cuando murió crucificado), permanece envuelta en misterio hasta el día de hoy.

Algunos atribuyen su muerte a una fiebre alta como resultado de las largas marchas y muchas heridas sufridas en combate, que se agravaron por sus borracheras habituales.

Otros dicen que contrajo malaria. Otros piensan que fue el Virus del Nilo Occidental o la Fiebre Tifoidea.

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Alejandro Magno en su lecho de muerte en Babilonia, 323 A.C.

Sin embargo otros creen que fue envenenado por uno o más de sus generales que querían heredar su imperio.

Esta última teoría es un tanto reforzada por el hecho de que el imperio se dividió entre sus cuatro generales después de su muerte.

También fue ejecutado de meses el hijo de Alejandro, que era el lógico sucesor y heredero al trono (Ver Isaías 14:20, 21. También Daniel 11:4).

Mientras, en su lecho de muerte, sus hombres consultaron a Serapis, “el dios del inframundo” (o abismo) (Apocalipsis 9:11; 11:7 y 17:8).

El oráculo del dios Serapis dijo que era mejor “dejar tranquilo a Alejandro” (no interferir con su muerte). De ahí saldrá resucitado (Apoc. 17:8).

Antes de morir, sus cuatro generales le preguntaron: “¿a quién le dejas tu imperio”? Con una sonrisa sardónica y enigmática respondió entrelabios “al más fuerte” (Krateros).

¿Sabía Alejandro en ese momento lo que le deparaba el futuro?  Sólo Dios sabe….

Su cadáver nunca nunca se descompuso. En consecuencia, cuando vuelva a aparecer, podrá reclamar, al igual que Jesús, tanto incorrupción como inmortalidad.

Fue colocado en un extraordinario sarcófago completamente bañado en oro. En principio sería llevado a Macedonia, su tierra natal, sin embargo, cerca de Damasco el cortejo fue desviado hacia la ciudad que él mismo fundara, Alejandría, Egipto, y allí permaneció intacto por varios siglos, hasta el antiguo tardío y entrada la Edad Media (siglo IV A.D.), cuando misteriosamente desapareció, coincidiendo también con el despertar de la nueva religión del cristianismo en todo el Mediterráneo. Su paradero es uno de los grandes enigmas del mundo arqueológico y hasta el día de hoy se desconoce (ver Isaías 14:18-20). No lo han encontrado, ni lo encontrarán.

A pesar de que murió en Babilonia, fue en Alejandría, Egipto, junto al Mar Mediterráneo, donde finalmente su cadáver embalsamado fue llevado. Es precisamente de esa área del mundo, de la cuenca del Mediterráneo, de donde emergerá resucitado en el futuro cercano (Apocalipsis 13:1).  El mundo de la tribulación será soengañado.

A diferencia de otros conquistadores, Alejandro no estaba satisfecho simplemente con la conquista de territorios y de riquezas. Quería los corazones de los hombres (comparar con Apocalipsis 13: 4, 15,16).

Él también creía que “sólo un rey podía matar a un rey”. (Compárese con Apocalipsis 16:4 y 19:11-21). Por eso persiguió implacablemente hasta capturar a los asesinos persas de Darío y los mató.

Alejandro quería ser dueño y señor de todo. Fue un político sagaz. Cinco culturas diferentes obedecieron sus órdenes. Creía que podía hacer cualquier cosa. “Si no hubiera habido otra competencia”, escribió Arriano, “Él hubiera competido contra sí mismo”.

Un extracto de “La Ilíada” de Homero se convirtió en su lema personal: SIEMPRE SER EL MEJOR Y ESTAR MUY POR ENCIMA DE LOS DEMÁS”.

Su muerte a tan temprana edad no le permitió completar todas las cosas que se había propuesto hacer. ¿Qué habría logrado si hubiera vivido más tiempo?

Esto último lo podrás saber estudiando cuidadosamente y sin prejuicios tanto el libro de Daniel como el de Apocalipsis.

 

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